a la nada
Wednesday, February 28, 2007
Wednesday, September 20, 2006
re.cordis
Rosalba Díaz Marín, paciente de 74 años, con antecedentes de HTA e Insuficiencia Cardiaca CFII. Consulta en UEA del HGF el día jueves 15 de abril de 2004 por cuadro clínico de 30 minutos de evolución, caracterizado por dolor opresivo, retroesternal, de intensidad máxima en escala de
Refiere además, una leve distorsión del tiempo y del espacio, más bien una contorsión justa, dulce y apropiada. Como si la pata gorda de un invisible elefante se apoyara en su pecho para inflarle los ojos, para que visite el sitio donde palpita la memoria.
Se funde entonces el dolor en su recuerdo. Como la cera fundida en el sobre de papel. Sucede un brusco y prolongado vacío en la boca del estómago: bus viña-stgo y un joven mayor que ella le pide sentarse a su lado, no se cruzan palabra, ni se miran de frente hasta que antes de partir a Calama él le pide que le anote su dirección. Un año de cartas, una larga fila de letras para alcanzarse; un año de cartas, como seguir sentados juntos en el mismo par de asientos, en la tensión de no ver ni tocar al otro, de Viña a Santiago. Luego, se encuentran y se aman tanto que el tiempo hasta viejos se hace corto. Ella se hace viuda de carne, pero no de memoria, como si la muerte fuera el tiempo de correo entre Calama y Viña, un tiempo agudo, espinoso. Un dolor condensado en los últimos treinta minutos de evolución, que le perfora el pecho y entre escápula y escápula le hace brotar las alas, porque “seguro me voy al cielo a juntarme con él”.
La paciente refiere agotada su paciencia, que ya no siente las alas en la espalda, porque sigue viuda y no acompañada. Pero siente que la siguen llamando, que el dolor en el pecho y el vacío en la boca del estómago han reaparecido y que ella no deja de recordar, porque como dice siempre, la memoria consiste en volver a pasar por el corazón.
vacío
Jadeo como perro después de los 1400, un jadeo nauseoso que en su temperatura y urgencia confunde al contenido gástrico con las ganas de hablar
Si la herida no deja escribir, que se hable desde ella entonces. Que hable entonces mi olor, que se confunde con el sudor de los gusanos. Que se oiga el zumbido en que sucedo, como un mantra que recita mi memoria o el llanto de las moscas que se alimentan de lo que de mí queda, una oración para que nazca lo nuevo de lo podrido, para que duerma éste (y se desarme en el sueño).
dónde sucedo ahora? Dónde poner la atención?
no puedo seguir velando mi cadáver vacío.
No le ponga nombre
Quiero que me admiren?
que me supongan apenas me miran?
estoy provocando a alguien? peor, quiero hacerlo?
refugio de incendio verde,
me he quemado tantas veces que ya no siento ni el olor de mi carne cocida.
destinado a esta eterna repetición?
vengo a buscar al germen de mis ganas, como si estuviera enterrado
universo nuez comido desde dentro, cavando un surco de mi necesidad o de mi glotonería .
hablo no más.
Deslumbro con la palabra profundidad, hablo desde la superficie hacia el fondo de un pozo en donde también me encuentro, pero no me sé , no me alcanzo; acaso me contradigo con cada una destas letras , como buscando un trance violento en donde vomitar tanta tripa rumiada
Alimaña
Me imagino que tirarás de la cuerda para que te abran la puerta,
verte al otro lado de la escalera,
pero la realidad es de un río y sus dos orillas, la de dos alimañas inconfundibles, una a cada lado del agua,
Una aturdida y con pulmonía de tanto buceo tórpido hacia el otro lado, la otra ciega de tanto calcular el flujo, la profundidad y el apuro con el que el agua avanza.