Wednesday, September 20, 2006

re.cordis

Rosalba Díaz Marín, paciente de 74 años, con antecedentes de HTA e Insuficiencia Cardiaca CFII. Consulta en UEA del HGF el día jueves 15 de abril de 2004 por cuadro clínico de 30 minutos de evolución, caracterizado por dolor opresivo, retroesternal, de intensidad máxima en escala de 1 a 10, que se desencadena con el esfuerzo y no cede con el reposo ni con TNT sublingual; y que se irradia al cuello, mandíbula y zona interescapular. El dolor se acompaña de disnea de mínimo esfuerzo, sudoración profusa, palpitaciones y una sensación de muerte inminente.
Refiere además, una leve distorsión del tiempo y del espacio, más bien una contorsión justa, dulce y apropiada. Como si la pata gorda de un invisible elefante se apoyara en su pecho para inflarle los ojos, para que visite el sitio donde palpita la memoria.
Se funde entonces el dolor en su recuerdo. Como la cera fundida en el sobre de papel. Sucede un brusco y prolongado vacío en la boca del estómago: bus viña-stgo y un joven mayor que ella le pide sentarse a su lado, no se cruzan palabra, ni se miran de frente hasta que antes de partir a Calama él le pide que le anote su dirección. Un año de cartas, una larga fila de letras para alcanzarse; un año de cartas, como seguir sentados juntos en el mismo par de asientos, en la tensión de no ver ni tocar al otro, de Viña a Santiago. Luego, se encuentran y se aman tanto que el tiempo hasta viejos se hace corto. Ella se hace viuda de carne, pero no de memoria, como si la muerte fuera el tiempo de correo entre Calama y Viña, un tiempo agudo, espinoso. Un dolor condensado en los últimos treinta minutos de evolución, que le perfora el pecho y entre escápula y escápula le hace brotar las alas, porque “seguro me voy al cielo a juntarme con él”.
La paciente refiere agotada su paciencia, que ya no siente las alas en la espalda, porque sigue viuda y no acompañada. Pero siente que la siguen llamando, que el dolor en el pecho y el vacío en la boca del estómago han reaparecido y que ella no deja de recordar, porque como dice siempre, la memoria consiste en volver a pasar por el corazón.

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